"¿Por qué, siempre, me das el ala? Le preguntaba a mi mamá. Porque sos mujer -respondía- Mi hermano se comía la pechuga y a mis siete años, me daba cuenta que mi mamá me trataba con diferencia. ¡Rica...! Me gritaba en la calle con ojos de loco, mirando mi trasero y lambiéndose los labios. Yo. Con miedo, procuraba caminar a la par de algún adulto, y tenía que disculparme, explicándole la persecución de mi acosador. A mis 14 ya notaba la diferencia. ¡Cállate! Me decía un compañero que tomaba la palabra continuamente y se jactaba de pensar. Lo peor es que me gustaba y su petulancia hacía que odiara su personalidad. A mis 21 recordaba que era excluida, identificaba que era acosada y sabía que esa diferencia de silenciarme por voluntad del otro y ceder mi palabra ante la de él, me empujaba a preguntarme quién era y qué me diferenciaba de los hombr...