Lo que no se dice de nosotros
¿Cómo se construye la personalidad de un guatemalteco?
Para definir al guatemalteco o guatemalteca es imprescindible analizar su historia desde tres aspectos: identidad, nacionalismo e idiosincrasia. Se cree que la identidad nos perfila como uno solo y esto nos brinda un sentido de pertenencia que algunos llaman "nacionalismo". Aspecto con el cual nos genera orgullo (sin fundamento) y efímeramente.
Pero dentro de este nacionalismo es imposible no reconocer la idiosincrasia del chapín. Es decir, lo diverso y polifacético que puede ser. Así que después de los Acuerdo de Paz, se determinó que Guatemala se definiría como país multicultural, pluriétnico y multilingüe, pues posee aproximadamente un 60 % de población indígena; lo cual convierte al país en el país "más indígena" de toda Latinoamérica y del mundo.
No obstante, la situación particular del indígena hasta hoy día no es del todo favorable pues existe una alta concentración de riqueza y de tierra en los estratos altos de la sociedad que conservan aún un patrón social altamente excluyente, y se sustenta en la discriminación étnica de esta población, a pesar de su enorme capacidad y fuerza de trabajo, así como su amplia cultura ancestral y sus veintiún idiomas diversos.
Esta marginación y explotación en la que a diario son sometidos existe desde tiempos de la colonia. Época en la que se justifica el modelo o la idea de que los indios eran escasos de entendimiento, flojos e incapaces de auto gobernarse. (Luis A. Sánchez-Midence, 2012)
Después, en el período de independencia se instituyó un modelo liberal de configuración estatal, que pretendía generalizar la idea del Estado-nación, entendiendo a la nación como un solo pueblo, una sola cultura y un solo idioma (es decir, un Estado monocultural, monoétnico y monolingüe), construyendo con ello el modelo de exclusión de la población indígena y de su cultura. (Luis A. Sánchez-Midence, 2012)
Pero, no es sino hasta los años noventa que el Gobierno y la Guerrilla (URNG), firman los Acuerdos de Paz, para poner punto final al Conflicto Armado Interno y así se empieza a reconocer a los Pueblos Indígenas con sus costumbres, su idioma, su espiritualidad, su cultura y su derecho a votar, como ciudadano y como parte de esta nación. Este reconocimiento por parte del Estado guatemalteco, y la sociedad en su conjunto, da paso a la diversidad étnica, lingüística y cultural de la nación guatemalteca.
No obstante, en esa dinámica ha existido una dicotomía de interés social que manifiesta por un lado, las demandas ambientales surgidas desde la cultura occidental y por el otro, el profundo respeto a la naturaleza característico de la cosmovisión maya. De modo que es necesario identificar la identidad o identidades que posee el chapín, así como la base sobre la cual están asentados los principios fundamentales de su sociedad y sus particularidades.
§ Identidad
Con rasgos indígenas o no, el guatemalteco promedio prefiere llamarse ladino, de lo contrario tendría que padecer las consecuencias de una exacerbada exclusión a su alrededor, implícita o explícitamente. Esto, por supuesto, incluye a negros, y a cualquier tipo de mestizos, criollos y extranjeros.
Históricamente los españoles llamaron ladinos a los indios que aceptaron la religión y la lengua derivadas de Roma y del Latín, y los consideraron personas latinizadas (latino = ladino). (Vázquez, 2003)
Después, durante el período colonial, a los ladinos los rechazaban los indios por su "sangre" española, así como los rechazaban los criollos por tener ambas "sangres": la mezcla para algunos grupos les resultaba aborrecible.
En consecuencia, esta identidad ladina adoptó patrones culturales "occidentales" con el fin de tomar posición en la estructura de poder, pues el mundo colonial prefería ignorar su existencia.
Sánchez, (2012) plantea que al ubicarse como intermediarios en el ejercicio de poder entre los criollos y los indios (capataces, comerciantes, artesanos), los ladinos pretendían dos cosas: congraciarse con el grupo de poder (adquirir sus patrones culturales podía ser una forma acertada de lograrlo) y separarse del grupo dominado (negando la sangre indígena que corría por sus venas e implementando mecanismos de discriminación hacia este grupo).
No es extraño, entonces, que exista desprecio del ladino (especialmente del ladino pobre) hacia el indígena. Es decir, la pobreza común de uno y otro, obligaba al primero a exagerar su condición de trabajador libre, situación que fue exacerbada con la llegada de la Reforma Liberal. (Luis A. Sánchez-Midence, 2012)
Aun hoy, gran parte del esfuerzo diario que realizan los ladinos pobres, radica precisamente en fortalecer e incrementar aquellos aspectos que permiten su distinción frente a los indígenas: para ello, la imitación de patrones culturales foráneos (norteamericanos y europeos, fundamentalmente), sigue siendo un mecanismo de uso popular.
Sin embargo, tampoco puede afirmarse que, a lo largo del tiempo, los ladinos adquirieron e implementaron fielmente los patrones culturales occidentales: estos fueron y son interiorizados, contextualizados y mezclados con componentes de la cultura indígena y, de esa cuenta, se inventaron "esencias nacionales" mestizas como la música de marimba, la literatura y el arte indigenistas, y la recreación vanguardista de las culturas populares mestizadas, que se expresan en vestimentas, tradiciones y costumbres. (Luis A. Sánchez-Midence, 2012)
En ese hibrido, Sánchez-Midence (2012) explica que los ladinos no se enorgullecen de una cultura milenaria anterior a la colonización, pero sí de las apropiaciones culturales con las que han forjado las "esencias nacionales" que cohesionan, legitiman e identifican a los guatemaltecos como una nación inconclusa.
El mundo maya, entonces, fue pensado y aprehendido en función de los intereses del sistema. Un objeto construido por el subsistema económico, como mercancía que se vende en el mercado internacional.
En todo caso, los ladinos (principalmente los citadinos, inmersos en el mundo capitalista y bombardeados por patrones de conducta foráneos) poseen una visión cultural occidental, percibiendo al mundo con un carácter exclusivo y visualizando al hombre (y a la sociedad) como un ente separado de la naturaleza. (Luis A. Sánchez-Midence, 2012)
Sánchez-Midence (2012) cita a (Alejos García, 2004) quien explica que la identidad de una persona o grupo social se define en términos del eje egocéntrico y de la auto referencialidad. En su búsqueda por simplificar la realidad, el sistema social occidental arrasa con cualquier diferencia cultural, sentando las bases para la marginación, el racismo, la intolerancia y la indiferencia
Por otro lado, el pueblo maya guatemalteco (el concreto y no el pensado por los ladinos) comprende las comunidades lingüísticas: (Achi', Akateco, Awakateco, Ch'orti', Chuj, Itza, Ixil, Popti', Q'anjob'al, Kaqchikel, K'iche', Mam, Mopan, Poqomam, Pocomchi', Q'eqchi', Sakapulteki, Sipakapense, Tektiteko, Tz'utujil y Uspanteco. Las cuales constituyen el medio de comunicación que posibilita la capacidad de pensarse a sí mismo y pensar el entorno.
Cabe destacar que la población indígena también está integrada por los miembros del antiguo pueblo Xinca y por el pueblo Garífuna (este último de raíces indígenas y africanas, ubicado en áreas cercanas a la costa atlántica de Guatemala). (CIDH, 2015) y que los pueblos indígenas se encuentran ubicados en 252 municipios de los 22 departamentos del país (Estadística, 2019)
En suma, el Pueblo Maya en Guatemala está integrado por 21 comunidades lingüísticas mayas que poseen una serie de elementos en común, que les otorga unidad en la diversidad. Sánchez-Midence (2012) lo refiere como la base para la actual autodenominación del Pueblo Maya, así como su indiscutible origen lingüístico común a partir de un idioma denominado Proto-Maya y que se cree era hablado hacia el año 2200 a. C., en la región que hoy corresponde al departamento de Huehuetenango.
Un rasgo fundamental de los mayas actuales es su concepción del mundo, con un carácter inclusivo, pues imaginan al hombre como parte de la naturaleza, situándose en el interior del entorno y no fuera y desligados de él.
Es decir, los mayas se entienden a sí mismos con el entorno, construyen su identidad en íntima relación con un complejo de alteridades naturales, sociales y culturales que los circundan.
Se trata de pensarse a sí mismos como hijos de la tierra, brotados de ella, así como lo son las plantas y los animales. Para ellos la tierra es un ser vivo, una entidad simbólica muy compleja, una alteridad vivida como madre, fuente del sustento vital, y su territorio.
Los indígenas de Guatemala figuran entre los más pobres de los pobres: sus niveles de ingreso son la mitad de los de los no indígenas; presentan los niveles de educación más bajos, el menor acceso a los servicios de salud, y un mínimo acceso a los servicios básicos como agua y saneamiento.
La mayor parte de ellos trabaja en el sector agrícola, en el que los salarios son inferiores a los de cualquier otro sector, con la excepción del de los servicios personales. Este contexto, así como las políticas de los gobiernos y de las agencias internacionales, han configurado una situación que amenaza su propia existencia como grupo étnico.
Ante ello, el procrear un elevado número de hijos responde al requerimiento de invertir una mayor cantidad de fuerza de trabajo en su parcela de tierra (al no poseer recursos económicos para contratarla), así como a la búsqueda de asegurar su vejez (dada la ausencia de programas de seguridad social). Ante el tamaño reducido de su parcela, la necesidad de incrementar su producción y la inexistencia de un mercado de tierras, no queda otra alternativa para los indígenas que expandir la frontera agrícola, cuando esto es posible.
Esta realidad se combina permanentemente con una política estatal orientada a devaluar su cultura y con un ambiente social que lo presiona para que adopte los patrones que rigen la cultura occidental. Todo este marco obliga a muchos indígenas mayas a depredar los recursos naturales, en contra de su propia espiritualidad: en todo caso, antes de ponerse a reflexionar sobre el mundo inmaterial, los seres humanos deben asegurar su sobrevivencia material.
Por tanto, muchas comunidades indígenas en Guatemala aún conservan esta relación armoniosa con la naturaleza. Uno de los ejemplos más paradigmáticos es el caso de las parcialidades, en el departamento de Totonicapán.
Con la denominación de parcialidades se conoce en Guatemala a aquellos grupos sociales indígenas que poseen una extensión variable de tierra en común, misma que se caracteriza por presentar áreas con cobertura boscosa con un alto nivel de conservación. Estas organizaciones presentan características particulares, sustentadas en su identidad étnica, que contrastan con las características de cualquier otro tipo de organizaciones (sean estas comunales, cooperativas, no gubernamentales o privadas). Entre dichas características particulares, podemos destacar las siguientes:
a. Todos sus miembros se reconocen como descendientes de un ancestro común. En otras palabras, todos sus miembros guardan algún tipo de relación consanguínea, lo cual incrementa la unidad del grupo. Esta unidad étnica también se refleja en la unidad cultural e idiomática de sus miembros.
b. La finalidad de la parcialidad (esto es, la protección del área boscosa comunal) trasciende la búsqueda común de mejoras económicas globales, o del incremento de los ingresos monetarios particulares de los socios. Su razón de ser parte de la protección de la herencia de los antepasados, de preservar su relación cultural con la naturaleza y de la necesidad de conservar los recursos naturales para beneficio futuro de los miembros de su comunidad.
c. El cuidado y conservación del área comunal demanda la inversión continua de tiempo y recursos por parte de sus miembros, a título gratuito. No existen mecanismos que permitan la recuperación monetaria de esa inversión y, en consecuencia, la participación no está vinculada con la búsqueda de beneficio personal.
d. Las normas y reglamentos organizacionales trascienden el ámbito estrictamente relacionado con las actividades vinculadas a la protección y conservación del bosque, para regular procesos que en otro ámbito podrían considerarse como estrictamente privados (como la venta de terrenos de propiedad particular, por ejemplo).
e. La ampliación del número de socios está íntimamente relacionada con la consanguinidad. Esto significa que las posibilidades de acceso para los foráneos es nula.
Así, la construcción de la identidad maya parte de la unión indisoluble entre humanidad y naturaleza; es decir, de la relación complementaria entre identidad y alteridad. (Luis A. Sánchez-Midence, 2012)
En efecto, en la perspectiva indígena, una parte del ser se encuentra fuera de sí mismo, se encuentra justamente en el exterior, en el entorno. La apariencia de una persona es entendida, así, como un aspecto, como una imagen externa y visible, mientras que la otra parte del ser, la más interesante y enigmática, permanece oculta.
Midence (2012) cita a (Alejos García, 2004) quien concluye que toda entidad existente en el mundo indígena combina en su esencia aspectos espirituales, sagrados, colectivos, territoriales, étnicos e históricos, entre otros, expresándose en cada uno de ellos la totalidad de la realidad.
La identidad de una persona o del grupo no se entiende unilateralmente en términos de lo propio, de un conjunto de rasgos distintivos, sino que se trata de un fenómeno intrínsecamente relacional. (Luis A. Sánchez-Midence, 2012)
§ Nacionalismo
§ Nacionalismo
Para comprender el nacionalismo chapín, es preciso plantearse ¿cuál es la base identitaria que conforma al guatemalteco (a)? La respuesta es compleja pues se sabe que la imagen "típica" que se vende al extranjero es lo maya. Sin embargo, a lo interno del país las prácticas discriminadoras y racistas invisivilizan en su gran mayoría este estrato social.
Mack, (2011) dice que la oligarquía y el mundo empresarial siempre muestran las “dos” Guatemalas: la Guatemala “útil”, la moderna, próspera y con características occidentales, y la Guatemala “inútil”, la indígena, aquella que solo está destinada a ser vitrina para los extranjeros, pero que hacia adentro se sigue viendo como la parte pobre e ignorante que causa vergüenza y que, por lo tanto, hay que mantenerla pulcra y limpia en las vitrinas turísticas, pero muy discriminada y abandonada en la realidad cotidiana.
Esta contradicción y exclusión sigue siendo un signo distintivo de lo “guatemalteco”. Mack, (2011) ejemplifica estos rasgos de exclusión cuando habla de dos premios Nobel.
El primero es Miguel Ángel Asturias a quién todavía se le acusa de racista por haber basado su tesis de juventud en el tema del indio y el segundo es el nombre de Rigoberta Menchú, quien tiene más reconocimiento y prestigio en el extranjero que en su propia casa.
Otro ejemplo es la fallida campaña “Guate Amala”, que pretendía “vender” frases, ideas e imágenes muy típicas de un segmento universitario, urbano y “aspiracional” —por no llamarlo, “burgués”, como dirían los publicistas— como esencia de lo “guatemalteco”. (Mack, 2011)
Entonces, a pesar que se ha reconocido esta falta o carencia de identidad como la base de de nuestra mal construida sociedad, los esfuerzos planteados siguen siendo igualmente racistas y discriminadores.
§ Idiosincrasia
§ Idiosincrasia
Hasta aquí se vuelve nuevamente compleja la explicación. El guatemalteco promedio se comporta distinto según el área territorial y entorno social en el que se encuentra. En términos generales, se puede decir que los guatemaltecos son callados. Están acostumbrados al silencio, literalmente. Pero simbólicamente, esto significa que no poseen ímpetu de denuncia, desacuerdo o manifestación. No se organizan para no meterse en problemas.
Territorialmente, tanto los humores como temperamentos son distintos. En occidente (San Marcos, Xela, Quiche, otros) su gente es calladita. De reservada opinión. Extremadamente conservadora y vigilantes unos de otros. En oriente (Zacapa, Jutiapa, Jalapa, otros) las personas se conducen más por sus pasiones, incluso hasta las bajas, donde no se consensua y se toman decisiones, justas o no por las propias manos.
No obstante, consulta usted en Internet y encontrará información de lo más positivo posible que en esencia también es digno de reconocer. Por ejemplo, que el guatemalteco es un arduo trabajador y gusta de participar activamente en diversos negocios o ámbitos laborales. Se motiva constantemente por su visión emprendedora.
Posee un gran sentido del humor, al grado de reírse de sí mismo. Los guatemaltecos son ingenuos en muchas ocasiones. En particular, en política y se dejan llevar por la opinión pública que generalmente surge de la clase dominante.
Buscar y proponer soluciones para situaciones complejas o estar atento a cualquier actividad que requiera poner en práctica sus habilidades y talentos. Son características cuestionables. Ya que regularmente, esperan a que decidan por ellos mismos.
Siempre se puede contar con la ayuda de un guatemalteco. Su actitud caritativa lo distingue, ya que hace lo posible por colaborar y dar la mano a quien lo necesite. Sea un familiar, amigo o miembro de su comunidad. Si no, recuerde usted el suceso de la caravana de migrantes hondureños.
§ Conclusiones
1. Lo anterior nos permite comprender el hecho de que las comunidades indígenas no puedan ser concebidas cualitativamente, en forma separada de los recursos naturales; puesto que es precisamente su convivencia con el entorno (ordenada y apegada a su cosmovisión) la que expresa, consolida y reproduce su identidad colectiva, y fortalece su sentido de pertenencia grupal y da sentido a su organización social.
La concepción de la identidad indígena, separada de los recursos naturales, representa su fragmentación (al resaltar solamente una parte de ella), alterando simultáneamente sus mecanismos de interrelación y dependencia. (Luis A. Sánchez-Midence, 2012)
2. La base de la nacionalidad guatemalteca se construyó de una forma excluyente, autoritaria, profundamente racista y discriminadora, por lo que la aplicación de esa doctrina fue fatídica en el largo plazo. (Mack, 2011)
3. El orgullo por el país une a la gente es aquel que no distingue raza, credo o clase social. Tan sólo ve con los ojos del corazón y tienen el mismo objetivo de construir y aportar desde sus posibilidades, por una mejor Guatemala. De lo contrario, no existe el orgullo si las posibilidades del individuo son mínimas.
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